9 de abril de 2012

Burano... salida de la paleta de un pintor







Hace sólo algunas semanas me dejé llevar por el encanto de Burano. Y hoy me puse a pensar: cómo pasa el tiempo... 
Entonces, me dije que era hora de redactar este artículo.

Burano, muy próxima a Venecia, es una isla casi mágica, muy famosa por la confección del encaje y la puntilla.

En efecto, es un pequeño paraíso. Un lugar tranquilo y lleno de color, un oasis bajo ese sol de marzo último.

Prestemos atención a las coordenadas. La pequeña Burano está ubicada a 7 kilómetros al norte de Venecia, La Serenissima, a la cual se encuentra comunicada por las líneas 12 y 14 del vaporetto. Desde la Fondamenta Nuove se hace el recorrido de casi 40 minutos, pasando por la célebre Murano
El trayecto es entretenido, el panorama bien vale la pena.




Burano tiene paisajes tan bellos que parecen salidos de la paleta de un pintor.

Se descubre un conjunto de acuarelas, de pequeñas casas hermosas, de paseos y   piazzas enmarcadas por el cielo azul. 
Como todos los pueblos de pescadores, las casas de Burano son en su mayoría simples pero pintadas de colores llamativos. La tradición cuenta que esos hombres duros debían reconocer sus viviendas en el momento de volver a sus hogares. La neblina sobre el agua era muy común. Y aún hoy se sigue con la costumbre de pintar las casitas de colores vivos y brillantes.





Hagamos un poco de historia. Burano comenzó a tener importancia económica gracias a la fabricación de los encajes y de las puntillas
Hace mucho tiempo, las mujeres de esos pescadores tenían el hábito de bordar. Era sólo un pasatiempo. Pero uno que creció y continuó durante siglos, y con gran éxito por cierto. La elaboración de estos maravillosos encajes se volvió la actividad productiva más importante de Burano.







Además, es tan fácil perderse a propósito en Burano.

Uno se siente a gusto en ese lugar agradable, que se parece mucho a su vecina  Venecia. Tiene la misma atmósfera pero más tranquila, está llena de canales, de callejuelas y de pequeños puentes que las unen en un simpático entramado. Un todo similar, pero en escala más pequeña. Amo esas ventanas con sus visillos, y la ropa tendida como al descuido al sol.

No obstante, Burano es mucho más pequeña que Venecia y mucho más luminosa. Se aprecian los muros pintados en todos los tonos del amarillo, el azul, el rojo o el verde. Cada casa parece haber elegido su color favorito.

Es un lugar encantador.







Durante la visita de Burano se encuentran los locales de puntillas y encajes a la vuelta de cada esquina, y se puede conocer a las mismas mujeres que los han bordado y que los exhiben con orgullo mientras nos introducen en ese arte centenario. Uno puede admirar un conjunto de productos refinados, magníficos. 

Se ven bellas piezas de encajes hechas a mano por aquí y por allá. Algunas son verdaderas obras de arte: manteles e individuales muy delicados,  servilletas y pañuelos, prendas de vestir, y accesorios tales como abanicos y sombrillas.

Adorables.





Burano tiene también plazas muy agradables con sus terrazas. 

Ese día de marzo último en el que estuve hacía bastante frío. La ola polar se hacía sentir, nada anunciaba la primavera.
Por esto, elegimos entre todos los cafés uno para almorzar al sol, beber algo, y disfrutar de una taza de chocolate bien caliente con "panna" (es decir, con crema). 

Yo probé también el "spritz", el aperitivo tradicional del noroeste de Italia. Es una bebida hecha de Prosecco, Aperol, Campari y soda.

Fue la pausa merecida después de esas largas caminatas, de paseos llenos de hallazgos, de sorpresas.





Antes de partir hacia Venecia, pasé por San Martino Vescovo de Tours, la única iglesia de Burano. La torre es visible desde muchos puntos de vista de la isla, y también desde el mar, cuando se acerca el vaporetto.
Era extraño… pero me parecía algo inclinada. Tal vez lo estuviera... No olvidemos que todas las islas de la Laguna de Venecia están sometidas al desgaste permanente, al golpe de la marejada.
De todos modos, era una iglesia muy bonita.





De pronto uno se da cuenta que es la hora de partir de regreso.
Llegamos al muelle, al lugar donde se detiene el vaporetto que pasa puntualmente.
Mientras esperamos, admiramos una vez más el paisaje de las otras islas que rodean Burano. Es tan hermoso…

Fue una excursión inolvidable.

Mis coordenadas:
Isla de Burano
30142 Laguna de Venecia
Italia

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